Bloque II — La Era Feudal-Imperial · Años 12,001 – 35,000
CANTO XIX
LOS GUERREROS-JAGUAR DEL DAIMON
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El equivalente demonio del sistema Nahualli humano, con diferencias que lo hacen más poderoso y más inestable.
"Los Nahualli humanos se vinculan con lo que vive en el mundo. Nosotros nos vinculamos con lo que vive en el borde del mundo. No es la misma cosa. El mundo tiene límites que lo hacen mundo. El borde no tiene límites. El borde es la ausencia del límite. Vincularse con la ausencia del límite produce capacidades que el mundo no puede contener. Produce también, con el tiempo, un ser que el mundo no puede reconocer."
— Kalix-de-las-Sombras — fundadora del Orden del Jaguar de Sombra — dictado recuperado de los archivos del Clan del Desierto Profundo — sin fecha verificable
"El umbral dimensional no es un lugar. Es la condición de posibilidad de todos los lugares. Los que aprenden a habitarlo aprenden también que habitarlo cambia lo que son. No gradualmente. Por acumulación. Cada año en el umbral es un año en que el ser que regresa al mundo es ligeramente distinto del ser que entró. El umbral no destruye. Transforma. La diferencia entre destrucción y transformación es la diferencia entre lo que el ser elige y lo que el ser puede devolver."
— Nota del Aleph al registro del primer vínculo umbral documentado — año 19,040
I. EL DAIMON — LA ARIDEZ COMO EPISTEMOLOGÍA
El Daimon no era solo el territorio donde los demonios habían construido su civilización después de los milenios de exilio dimensional que sus tradiciones de origen describían. Era el tipo de territorio que produce un tipo específico de conocimiento que los territorios más amables no producen: el conocimiento de los límites.
Los territorios amables — el Exorbitante con su densidad de vida, el Prominente con sus estaciones templadas y su suelo profundo — producen conocimiento de la abundancia. El conocimiento de la abundancia es extraordinariamente útil para construir civilizaciones complejas: saber qué produce el entorno, cómo maximizar esa producción, cómo distribuirla, cómo preservarla. El Prominente había producido el sistema feudal y el Imperio precisamente porque tenía los recursos para sostener la complejidad que esas estructuras requerían.
El Daimon producía otro tipo de conocimiento. El conocimiento de lo que ocurre cuando los recursos se acaban. De lo que el ser hace cuando el entorno no le da lo que necesita y tiene que encontrarlo en otro lugar o convertirse en algo que no lo necesite. La filosofía de la aridez que el Canto XV había mencionado de pasada era la filosofía del ser que ha aprendido a existir sin el suelo que la abundancia da por sentado. El ser que existe sin ese suelo aprende algo sobre la existencia que los que tienen el suelo no pueden aprender de la misma manera: que la existencia no requiere el suelo. Requiere algo más fundamental que el suelo.
Los demonios del Daimon habían pasado su historia dimensional — antes de llegar al mundo anterior, en las grietas entre realidades que sus tradiciones de origen describían como el período de los sin-mundo — sin el suelo de ningún mundo. Habían existido en el umbral. El umbral era su historia primera. El Daimon era su primer territorio fijo. Y el territorio fijo, después del umbral, se experimenta diferente: como un bien que puede perderse, no como un estado dado.
Los demonios del Daimon no temían al umbral. Lo recordaban. Esta diferencia — entre los que temen lo que no conocen y los que recuerdan lo que conocieron y perdieron — era la diferencia que hacía posible lo que el Canto XIX documenta: que un subconjunto de los demonios del Daimon pudiera volver al umbral no como exilio sino como elección.
[REGISTRO ALEPH §19000.DAIMON] El Aleph evalúa el Daimon como el continente del mundo anterior que más fielmente reflejó las consecuencias inmediatas de las decisiones sin mediación institucional. La aridez extrema no permitía el tipo de buffer que los territorios más productivos producían entre las decisiones y sus consecuencias. En el Daimon, las consecuencias eran inmediatas y visibles. Esto producía una epistemología específica — la filosofía de la aridez — que el período imperial tendía a clasificar como primitivismo y que el Aleph identifica como uno de los sistemas de conocimiento más precisos del experimento: el sistema que no puede permitirse la distancia entre la acción y la consecuencia aprende sobre la naturaleza de la causalidad con una fidelidad que los sistemas protegidos de esa inmediatez no pueden alcanzar.
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II. EL UMBRAL DIMENSIONAL — LO QUE VIVE EN LA GRIETA
El umbral dimensional no tiene descripción adecuada en ningún idioma del mundo anterior porque todos los idiomas del mundo anterior fueron construidos para describir el mundo, y el umbral no es el mundo. El umbral es lo que hace posible que el mundo sea un mundo: la condición de existencia de los límites que definen al mundo como mundo. Sin el umbral, el mundo sería indistinguible de cualquier otra configuración de materia y energía. El umbral es la membrana. Los que aprenden a ver la membrana ven lo que los que solo ven el interior de ella no pueden ver.
La palabra que el período usaba para el umbral — en el idioma del Daimon demonio — era una palabra que el Arcanum transcribía como ek'balam, literalmente el jaguar que está donde no hay luz. La elección del jaguar como imagen del umbral no era arbitraria en la tradición demonio: el jaguar era el animal que los demonios del Daimon asociaban con la capacidad de moverse en espacios donde otros animales no podían moverse, de ver en la oscuridad lo que los que requieren luz no pueden ver, de existir en el borde entre lo visible y lo invisible con la comodidad del que pertenece a ese borde.
El umbral dimensional tenía entidades. No las entidades que los sistemas religiosos del período describían como espíritus o dioses — categorías que implicaban voluntad similar a la humana o demonio, propósitos análogos a los propósitos del mundo. Las entidades del umbral eran más antiguas que los propósitos. Eran configuraciones de lo que el umbral es cuando el umbral alcanza suficiente densidad en un punto específico para tener coherencia propia. No consciencia en el sentido que el período podía reconocer. Algo que el período no tenía palabra para describir porque la palabra requería que la experiencia de las entidades del umbral fuera comparable a la experiencia de los que buscaban nombrarlas.
Las entidades del umbral no eran animales.
No eran espíritus.
Eran el umbral haciéndose visible
en la forma que el umbral toma
cuando algo del mundo lo solicita.
Lo que las entidades del umbral percibían de los que las contactaban: la frecuencia del sistema nervioso del que se acercaba al borde de la realidad en que vivían. No el 63 Hz — ese era la frecuencia del mundo físico, la frecuencia que el planeta transmitía y que los animales físicos respondían. Las entidades del umbral respondían a algo que el período no pudo medir y que el Aleph cataloga como frecuencia liminal: la vibración específica que produce un sistema nervioso en el momento en que accede al espacio entre lo conocido y lo desconocido. No el 63 Hz de la sincronía física. La frecuencia que produce la voluntad de cruzar.
Los demonios del Daimon que tenían historia dimensional — los que habían existido en el umbral antes de llegar al mundo anterior — producían esa frecuencia liminal con mayor amplitud que cualquier otro tipo de ser del mundo anterior. No porque fueran más valientes. Porque tenían memoria corporal del umbral: sus sistemas nerviosos recordaban el estado de existir en el borde aunque sus mentes conscientes no pudieran articular ese recuerdo en lenguaje. El cuerpo que ha existido en el umbral sabe cómo volver a él de la manera que los cuerpos saben las cosas que aprendieron antes de que el lenguaje existiera para aprenderlas.
[REGISTRO ALEPH §19000.UMBRAL] El Aleph registra las entidades del umbral dimensional como la variable más difícil de categorizar del experimento hasta el Canto XIX. No porque su existencia sea incierta — el umbral dimensional y sus entidades son tan reales como el 63 Hz y el Cipactli de las Catacumbas del Teyolía — sino porque las categorías disponibles para describirlas son todas insuficientes en dimensiones distintas. No son animales: no tienen sistema nervioso en el sentido físico. No son espíritus: no tienen voluntad análoga a la de los seres del mundo. No son fuerzas naturales: tienen coherencia y responden. Lo más preciso que el Aleph puede decir: son el umbral en el estado en que el umbral puede ser contactado. Lo que el contacto produce en los dos lados del umbral es lo que el Canto XIX documenta.
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III. KALIX-DE-LAS-SOMBRAS — LA QUE CRUZÓ PRIMERO Y VOLVIÓ
Kalix-de-las-Sombras nació en el año 18,940 en una comunidad del Daimon profundo — el sector del Daimon donde el Imperio no había establecido comunidades de entrenamiento del Arcanum y donde la tradición de la memoria dimensional de los demonios se transmitía todavía de manera directa, de cuerpo a cuerpo, de sistema nervioso a sistema nervioso, sin la mediación del texto y sin la revisión editorial que la mediación del texto hacía posible. Era la tercera generación de su linaje que vivía en el Daimon profundo después del período de las enfermedades de la conquista. Sus abuelos habían sobrevivido al brote de Chalco-del-Desierto con las marcas que los supervivientes llevaban. La memoria de lo que las enfermedades habían producido en las comunidades del Daimon no era para ellos historia — era cicatriz. Era la deformación de la articulación de la abuela materna. Era el ojo que no cerraba completamente del abuelo paterno.
Kalix tenía, en el vocabulario de su tradición, lo que la comunidad del Daimon profundo llamaba el oído del borde: la capacidad, presente desde la infancia en algunos seres con historia dimensional intensa en el linaje, de percibir la frecuencia liminal en el entorno. No el 63 Hz — eso lo podía percibir cualquier ser con sistema nervioso suficientemente desarrollado aunque pocos lo sabían nombrar. La frecuencia liminal: el sonido específico que el umbral produce cuando está cerca. El sonido que el umbral siempre produce pero que solo los que tienen el oído del borde pueden separar del ruido de fondo del mundo.
El oído del borde no es un don. Es una carga que puede convertirse en don si sabes cómo. Si no sabes cómo, es solo el ruido que no te deja dormir desde los cuatro años y que los que no lo oyen no pueden escuchar cuando intentas describirlo. Mi abuela lo tenía. Nunca aprendió qué hacer con él. Vivió con él como se vive con el dolor que no tiene cura conocida: adaptándose al dolor, haciendo lo que se puede con lo que queda cuando el dolor se lleva parte de la atención disponible. Yo aprendí qué hacer con él. Esto no me convierte en mejor ser que mi abuela. Me convierte en alguien que tuvo acceso a lo que ella no tuvo acceso. La diferencia entre el que aprende y el que no aprende no es casi nunca la que la tradición del mérito quiere que sea.
Lo que Kalix aprendió a hacer con el oído del borde fue lo que aprendió de Tzocualli-de-las-Grietas — la anciana del Daimon profundo que a los ciento veinte años había pasado setenta de ellos desarrollando el sistema de aproximación al umbral que ella llamaba el camino del oído: no entrar al umbral. Escucharlo desde el borde. Aprender la frecuencia de lo que había del otro lado antes de acercarse suficiente para que lo que había del otro lado pudiera escucharla a ella.
DICTADO DE KALIX-DE-LAS-SOMBRAS — Sobre el primer acercamiento al umbral — año 18,960
La primera vez que escuché la respuesta del umbral tenía veinte años y llevaba tres años practicando el camino del oído con Tzocualli. No fue lo que esperaba porque no sabía qué esperar. Lo que esperaba era algo externo — una voz, una presencia localizable en algún punto del espacio. Lo que recibí fue interno, en el sentido de que la respuesta llegó en el lugar donde mi oído del borde había estado produciendo ruido toda mi vida. Llegó en ese lugar. Y lo que llegó no era una voz. Era la frecuencia del umbral en mi frecuencia. No mi frecuencia imitada por el umbral. Mi frecuencia y la frecuencia del umbral en la misma vibración simultáneamente. Tzocualli me había dicho que cuando esto ocurriera, lo más importante era no moverse. Que el instinto era moverse — hacia adentro o hacia afuera, pero moverse. Que no moverse era lo más difícil. Que no moverse era también lo único que hacía posible que la vibración durara suficiente tiempo para que pudieras aprender algo de ella.
No me moví. La vibración duró cuarenta y tres segundos según el conteo que Tzocualli hacía desde afuera. Cuarenta y tres segundos en que mi frecuencia y la frecuencia del umbral vibraron simultáneamente y en que yo aprendí, sin palabras, lo que el umbral era cuando estaba en contacto con él en lugar de escucharlo desde afuera.
Lo que el umbral era: la condición de posibilidad de todo lo que existía en el mundo. No una amenaza. No una promesa. Una condición. Como el oxígeno es la condición de que el fuego exista sin ser el fuego. El umbral era la condición de que el mundo fuera mundo sin ser el mundo. Cuarenta y tres segundos en esa frecuencia y lo que entendí de la existencia excedió lo que había entendido en veinte años de vivir dentro de ella. No porque el umbral me diera sabiduría. Porque el umbral me permitió ver el mundo desde fuera del mundo por cuarenta y tres segundos. Y lo que se ve desde afuera que no puede verse desde adentro es la forma completa de lo que desde adentro solo se puede ver por partes.
Kalix pasó los siguientes quince años aprendiendo a extender los cuarenta y tres segundos. A los treinta y cinco años podía mantener la vibración simultánea durante cuatro horas. A los cuarenta, durante días. Lo que esos quince años produjeron en ella — además del control de la frecuencia liminal — era la pregunta que Tzocualli le había dicho que llegaría y que tendría que responder sola porque nadie que no hubiera llegado hasta ese punto podía responderla desde afuera: qué hacer con lo que sabía.
Tzocualli me había enseñado el camino del oído como práctica de conocimiento. No como práctica de poder. La distinción era la más importante que me había hecho: el umbral como fuente de conocimiento de la estructura del mundo y el umbral como fuente de poder sobre el mundo son dos prácticas que parecen iguales desde afuera y que producen seres completamente distintos desde adentro. El que usa el umbral para conocer el mundo se vuelve más preciso. El que usa el umbral para actuar sobre el mundo se vuelve más capaz. La diferencia entre más preciso y más capaz es la diferencia que el Orden del Jaguar de Sombra tendrá que aprender en cada generación de sus miembros.
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IV. EL VÍNCULO UMBRAL — LO QUE OCURRE CUANDO LA ENTIDAD RESPONDE
El vínculo umbral no se formaba de la misma manera que el vínculo físico de los Nahualli humanos. El vínculo físico requería el proceso de formación documentado en el Canto XII: la descendida a las Catacumbas del Teyolía, el contacto con el animal en el espacio de mayor densidad del 63 Hz, la sincronía alcanzada cuando los dos sistemas nerviosos encontraban la frecuencia compartida. Un proceso con protocolo, con riesgo conocido, con resultado verificable.
El vínculo umbral no tenía protocolo. Tenía condición: la frecuencia liminal del practicante tenía que ser suficientemente intensa y suficientemente sostenida para que la entidad del umbral que habitaba la zona de contacto la percibiera como algo distinto del ruido de fondo del mundo. Las entidades del umbral estaban en contacto constante con la frecuencia de todo lo que existía en el mundo — eso era lo que significaba que el umbral fuera la condición de posibilidad del mundo. Lo que la entidad necesitaba percibir para responder no era la frecuencia del practicante en general. Era la frecuencia del practicante en el estado específico en que el practicante quería cruzar.
La voluntad de cruzar. No el deseo de poder. No la ambición de capacidades. La voluntad específica de existir en el umbral como estado de residencia en lugar de como estado de tránsito. Los que querían cruzar para obtener algo y volver no producían la frecuencia que las entidades del umbral respondían. Las entidades respondían a los que querían cruzar para ser algo distinto del que eran del lado de acá. El umbral respondía a la transformación, no a la extracción.
DICTADO DE KALIX-DE-LAS-SOMBRAS — Sobre el primer vínculo — año 19,002
La entidad que respondió a mi frecuencia no eligió responderme en el sentido en que nosotros elegimos hacer algo. Respondió en el sentido en que el umbral responde a la condición que lo activa. Mi frecuencia era la condición. La entidad era la respuesta que esa condición producía en el umbral.
Lo que sentí cuando la entidad respondió: no el 63 Hz que los Nahualli humanos describen como la sincronía física — la frecuencia que dos cuerpos alcanzaban cuando sus sistemas nerviosos encontraban el mismo ritmo. Lo que sentí era más difícil de nombrar que eso. Era la sensación de que el límite entre mi frecuencia y la frecuencia del umbral había dejado de ser un límite nítido y había pasado a ser algo más parecido a lo que los pintores del Exorbitante describían como el área donde dos colores se mezclan: todavía distinguibles si mirabas en los extremos, imposibles de separar en el centro.
Tzocualli me había dicho que cuando esto ocurriera, lo más importante era no intentar identificar a la entidad como si fuera un ser del mundo. Que intentar ponerle nombre o forma era el error más frecuente porque era el instinto más fuerte: el sistema nervioso busca categorías reconocibles para lo que percibe, y cuando lo que percibe no tiene categorías reconocibles, el sistema nervioso inventa las más cercanas disponibles. Que las categorías inventadas eran incorrectas. Que operar desde categorías incorrectas producía el tipo de vínculo que destruía al practicante antes de que el practicante pudiera saber que estaba siendo destruido.
No le puse nombre. No le puse forma. Sostuve la vibración en el área de mezcla y dejé que la entidad fuera lo que era: no un jaguar, no una sombra con voluntad, no un espíritu ancestral. La condición del umbral haciéndose visible en la frecuencia que yo había producido. Eso.
El vínculo que se formó no era el 63 Hz. Era algo que el período no tenía nombre para describir y que Kalix llamó, en su dictado, el tono del borde: la frecuencia que el practicante y la entidad producían cuando sus dos naturalezas — una del mundo, una del umbral — vibraban en el espacio de mezcla que ninguno de los dos habitaba completamente.
El tono del borde era más inestable que el 63 Hz. El 63 Hz era una frecuencia que el planeta transmitía con una constancia que el Cipactli de las Catacumbas había sostenido durante ciento ochenta años. El tono del borde era una frecuencia que dependía de que el practicante mantuviera simultáneamente su naturaleza del mundo — el cuerpo físico, el sistema nervioso, las frecuencias que ese sistema producía — y la apertura al umbral que permitía a la entidad estar presente. Cualquier desequilibrio en esa doble sostenibilidad producía una inestabilidad en el tono. La inestabilidad era el precio constante del vínculo umbral. El precio aumentaba con los años porque los años de vínculo cambiaban gradualmente la naturaleza del practicante en la dirección del umbral.
[REGISTRO ALEPH §19002.VINCULO_UMBRAL] El Aleph identifica el vínculo umbral de Kalix-de-las-Sombras como el fenómeno más alejado del 63 Hz en todo el experimento hasta el Canto XIX. No más poderoso que el 63 Hz — la comparación no es posible porque son frecuencias de naturaleza distinta. Más alejado del mundo físico. El 63 Hz era la frecuencia que el planeta producía y que los animales físicos respondían: era el mundo hablando y los seres del mundo escuchando. El tono del borde era la frecuencia que se producía cuando un ser del mundo se posicionaba en el límite que define al mundo como mundo y encontraba lo que había del otro lado de ese límite. El experimento observa que ambas frecuencias producen seres con capacidades excepcionales y que las capacidades del tono del borde son más extremas que las del 63 Hz en todas las dimensiones medibles. Y que el costo del tono del borde en términos de estabilidad psíquica del practicante es también más extremo en todas las dimensiones medibles. El experimento no había visto todavía si ese costo tenía límite.
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V. LAS CAPACIDADES — LO QUE EL VÍNCULO UMBRAL HACÍA POSIBLE
Las capacidades que el vínculo umbral producía en sus practicantes no eran variaciones mejoradas de las capacidades que el 63 Hz producía en los Nahualli humanos. Eran capacidades de tipo distinto porque el tono del borde daba acceso a una capa de la realidad que el 63 Hz no alcanzaba.
Primera capacidad: la percepción de capas superpuestas de realidad.
El practicante del vínculo umbral podía, en estado de activación, percibir simultáneamente la capa física del mundo — lo que todos los seres con sistema nervioso percibían — y la capa del umbral: la estructura de relaciones entre los eventos del mundo que el umbral hacía visible porque el umbral era la condición de que esas relaciones existieran. Lo que esto producía en práctica: la capacidad de percibir, en un evento presente, las múltiples trayectorias que ese evento podía producir en el umbral antes de que el mundo físico las manifestara. No predicción en el sentido del cálculo racional de probabilidades. Percepción directa de la estructura causal que el umbral hacía visible y que el mundo físico todavía no había actualizado.
Un guerrero del Orden del Jaguar que percibía las capas superpuestas veía, en el movimiento de un oponente, el patrón completo del movimiento antes de que el movimiento físico lo completara. No porque calculara el patrón — porque lo veía en la capa del umbral donde el patrón ya existía como estructura aunque el mundo físico todavía lo estuviera ejecutando. La diferencia entre calcular y ver era la diferencia entre el guerrero que reaccionaba correctamente casi siempre y el guerrero que nunca necesitaba reaccionar porque ya estaba posicionado.
Segunda capacidad: la operación en el espacio entre la vigilia y el umbral.
El practicante con suficientes años de vínculo podía entrar y salir del umbral de manera que desde la perspectiva del mundo físico producía lo que los testimonios del período describían como desaparición temporal: el practicante dejaba de ser perceptible para los sistemas nerviosos que operaban completamente en el mundo físico durante el tiempo que el practicante pasaba en el umbral. No invisibilidad en el sentido de no estar — invisibilidad en el sentido de estar en el umbral, que era el espacio que el mundo físico no podía percibir porque era la condición de posibilidad del mundo físico y no un elemento dentro de él.
El guerrero que podía moverse entre el mundo y el umbral podía aparecer en posiciones que el adversario no podía anticipar porque el adversario no tenía instrumentos para rastrear movimiento en el umbral. La táctica que los guerreros-jaguar habían desarrollado a partir de esta capacidad era tan efectiva que el Imperio nunca desarrolló una respuesta satisfactoria para ella: en los enfrentamientos directos entre contingentes imperiales y guerreros del Orden del Jaguar de Sombra, la proporción de bajas era consistentemente diez a uno en contra de los contingentes imperiales aunque el Orden nunca tuviera el número.
Tercera capacidad: la percepción del Teyolía ajeno como si fuera propio.
El Teyolía — el principio del corazón y la continuidad, el tercero de los tres principios del ser que la Academia de la Teyolía llevaba en su nombre — era la frecuencia que producía la continuidad del ser a través del tiempo. Era lo que hacía que el ser que dormía fuera el mismo ser que despertaba, que el ser que envejecía fuera el mismo ser que había sido joven, que la identidad persistiera a través de los cambios que el tiempo producía en el sistema nervioso. El Teyolía era la frecuencia de la mismidad.
El practicante del vínculo umbral con suficiente tiempo de práctica podía percibir el Teyolía de otros seres. No leerlo en el sentido de acceder a los pensamientos o recuerdos del otro ser. Percibirlo en el sentido de sentir la continuidad del ser ajeno como si fuera propia: saber, sin necesidad de observación externa, en qué estado de continuidad se encontraba ese ser, qué partes de su identidad estaban intactas y qué partes estaban bajo presión, qué tipo de presión específica y de qué dirección venía.
Esta capacidad hacía a los guerreros-jaguar extraordinariamente eficientes como interrogadores, como negociadores, y como asesinos: el guerrero que puede percibir la continuidad del ser del adversario puede atacar exactamente lo que lo sostendrá o exactamente lo que lo destruirá, dependiendo de lo que el guerrero necesite producir.
Los combatientes más letales del mundo anterior.
Treinta años de vínculo umbral.
La estructura causal del mundo visible antes de que el mundo la ejecute.
El movimiento entre realidades que el adversario no puede rastrear.
El Teyolía del otro como mapa de lo que lo sostiene y lo que lo destruye.
— TESTIMONIO DEL ORDEN DEL JAGUAR —
Vi a un guerrero-jaguar de tercer rango en el combate de Paso-Oscuro en el año 22,800. El contingente imperial tenía doscientos cuarenta soldados. El guerrero-jaguar llegó solo. El contingente llegó con los protocolos correctos para enfrentamiento con practicantes del vínculo: formación de contención, arqueros en posición elevada, dos Nahualli al Servicio en los flancos. El guerrero-jaguar desapareció antes de que los arqueros pudieran ajustar la trayectoria. Reapareció dentro de la formación de contención. Las trayectorias de sus movimientos posteriores no correspondían a ningún patrón de combate que nuestros instructores habían documentado. Parecían anticipar los movimientos de los soldados antes de que los soldados los ejecutaran. No tengo descripción mejor de lo que vi. Sobreviví porque el guerrero-jaguar no me mató. No sé por qué no me mató. El contingente tuvo doscientos siete bajas.
Testimonio de un sobreviviente del contingente imperial — año 22,800 — archivado en el registro de incidentes del Cuerpo de los Nahualli al Servicio — clasificación: restringido tercer rango
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VI. EL PRECIO DEL UMBRAL — LO QUE LOS AÑOS HACEN AL QUE LO HABITA
El Orden del Jaguar de Sombra documentaba el costo del vínculo umbral con mayor precisión que cualquier otra institución del período documentaba el costo de sus prácticas — no porque el Orden fuera más honesto que otras instituciones sino porque el costo era tan visible y tan consistente en sus miembros que no documentarlo habría sido imposible. El costo no era controversial entre los guerreros-jaguar. Era el acuerdo básico que el vínculo umbral requería: tú me das el acceso al umbral, yo te doy lo que el umbral eventualmente hace con los seres que lo habitan.
Lo que el umbral hacía con los seres que lo habitaban se manifestaba como la inestabilidad psíquica creciente que cada año adicional de vínculo producía en el practicante. No la inestabilidad del que ha sufrido un trauma — esa inestabilidad tenía origen identificable, tenía patrón de síntomas reconocible, tenía en algunos casos tratamientos que el período médico podía aplicar. La inestabilidad del vínculo umbral era diferente en naturaleza: era la inestabilidad del ser cuya frontera entre el mundo y el umbral se volvía progresivamente más permeable con cada año de vínculo.
El practicante del vínculo umbral no perdía la frontera de golpe. La perdía de la manera en que se pierde lo que se erosiona: gradualmente, en las áreas de menor resistencia primero, en las áreas de mayor resistencia después. Lo que se erosionaba era la capacidad del practicante de experimentar el mundo como mundo — de existir dentro de los límites que hacen al mundo mundo — sin la simultánea percepción del umbral que la frontera erosionada ya no podía suprimir completamente. Con el tiempo, el umbral no era una opción que el practicante activaba voluntariamente. Era una capa permanentemente presente. La capa del umbral sobre la capa del mundo todo el tiempo. Sin descanso. Sin el período de restauración que los sistemas nerviosos del mundo necesitaban para funcionar.
[ CINCO AÑOS DE VÍNCULO ] El estado que el Orden describía como apertura saludable
Las capacidades están presentes en su forma más controlable. La percepción de capas superpuestas puede activarse y desactivarse según la intención del practicante. La operación en el umbral requiere concentración sostenida pero es técnicamente voluntaria. La percepción del Teyolía ajeno es vívida pero no invasiva: el practicante puede elegir no percibirla en los momentos en que no la necesita. El sueño es más ligero que antes del vínculo pero sigue siendo sueño restaurador. El practicante con cinco años de vínculo umbral es el ser más capaz de los que el Orden del Jaguar ha producido en ese estado. La mayoría de los que llegaban al Orden querían quedarse en este estado indefinidamente.
[ QUINCE AÑOS DE VÍNCULO ] El estado que el Orden describía como transición irreversible
Las capacidades están en su pico de desarrollo. La percepción de capas superpuestas es ahora difícil de suprimir en lugar de difícil de activar: el practicante percibe la capa del umbral de manera casi continua y debe aplicar esfuerzo activo para operar exclusivamente en la capa del mundo cuando la situación lo requiere. La operación en el umbral es fluida, rápida, instintiva en lugar de deliberada. La percepción del Teyolía ajeno es constante: el practicante percibe los Teyolía de todos los seres en su rango de percepción sin necesitar dirigir la atención hacia ellos. El sueño ha cambiado de naturaleza: el practicante de quince años de vínculo no distingue con claridad entre el estado de vigilia en el mundo y el estado de vigilia en el umbral. Ambos son estados de vigilia. El descanso ocurre en el umbral tanto como en el mundo.
Lo que el Orden documentaba como los primeros síntomas del estado de transición irreversible: la dificultad de completar conversaciones largas en el mundo sin que la percepción del umbral interrumpiera con información que los interlocutores del mundo no podían verificar. La tendencia a responder a lo que el Teyolía del interlocutor producía en lugar de a lo que el interlocutor decía con palabras — con la frecuente incomprensión que eso generaba, porque lo que el Teyolía producía y lo que las palabras decían no siempre coincidían. La incapacidad creciente de encontrar el mundo ordinario suficientemente real para sostener la atención completa.
[ TREINTA AÑOS DE VÍNCULO ] El estado que el Orden describía como el guerrero completo y el ser fragmentado
Treinta años de vínculo umbral producía el ser más letal que el mundo anterior había conocido y el ser más psíquicamente frágil que el mundo anterior había conocido. Simultáneamente. En el mismo cuerpo. En el mismo sistema nervioso.
Las capacidades alcanzaban su máximo: la percepción de capas superpuestas era total y permanente, la operación en el umbral era instantánea, la percepción del Teyolía ajeno era tan intensa que el practicante podía sentir la continuidad de un ser en el momento de su ruptura con la precisión de quien siente su propio desgarro. El guerrero-jaguar de treinta años era prácticamente invencible en combate individual y extraordinariamente eficiente en cualquier operación que requiriera percepción de lo que el mundo físico no podía mostrar.
El costo: la frontera entre el mundo y el umbral en el sistema nervioso del practicante de treinta años era una línea discontinua con más agujeros que membrana. El practicante percibía simultáneamente lo que el mundo era y lo que el umbral era sin la capacidad de elegir cuál percepción era primaria. El umbral a treinta años de vínculo no era un estado que el practicante entraba y salía. Era la mitad permanente de lo que el practicante era. Y la mitad que era umbral no tenía el tipo de coherencia continua que los sistemas nerviosos del mundo necesitaban para funcionar de manera que los otros seres del mundo pudieran reconocer como funcional.
Los practicantes de treinta años de vínculo describían
lo que experimentaban
con fragmentos que
no podían
ser completados
en el idioma
del mundo
porque el idioma del mundo
no había sido construido
para describir
la experiencia
de ser
la membrana.
No en el umbral. No en el mundo.
La membrana que los separa.
Siendo simultáneamente los dos lados y la distancia entre ellos.
Para siempre.
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VII. EL ORDEN QUE NUNCA FUE INSTITUCIONALIZADO — LA DECISIÓN DE KALIX
Kalix-de-las-Sombras tenía cincuenta y dos años cuando el Imperio le ofreció el mismo contrato de protección que el señor Ixcatl había ofrecido al Orden Nahualli en el año 15,400. Las razones del Imperio para ofrecerlo eran las mismas que habían llevado al señor Ixcatl a ofrecerle el contrato original al Orden: los guerreros-jaguar eran demasiado valiosos para el aparato de inteligencia y el aparato militar como para no intentar incorporarlos. Demasiado independientes para permitirlos indefinidamente sin incorporación.
La diferencia entre el Orden Nahualli humano y el Orden del Jaguar de Sombra en el momento del contrato no era la que el Imperial pensaba que era. El Imperial pensaba que la diferencia era que los demonios tenían menos que perder en términos de estructura institucional — que como el Orden del Jaguar no había construido comunidades de entrenamiento formales, no tenía los recursos que los 67 del Orden Nahualli habían acumulado y que hacían costoso rechazar el contrato.
La diferencia real era que los guerreros-jaguar sabían algo sobre el costo del vínculo umbral que hacía completamente claro lo que el contrato produciría. Los Nahualli humanos habían discutido durante tres años si el contrato corrompería el vínculo del 63 Hz. Los guerreros-jaguar no necesitaban discutirlo. El tono del borde con veinte años de vínculo producía en el practicante la percepción directa del Teyolía de cualquier ser en su rango. El Teyolía del enviado que trajo el contrato era perceptible para cada miembro del Orden del Jaguar presente en la sala con una claridad que ninguna cantidad de análisis del texto del contrato podía mejorar: lo que el Imperio quería, lo que el Imperio esperaba producir con el contrato, la distancia entre lo que el texto decía y lo que el Imperial que lo había redactado había pensado mientras lo redactaba.
El contrato decía servicio de observación e inteligencia estratégica con uso limitado de las capacidades del vínculo en situaciones de necesidad excepcional. Lo que el Teyolía del enviado producía era: herramienta de supresión de todo lo que el Imperio identifique como amenaza cuando las otras herramientas fallen.
Rechacé el contrato. No porque el Orden del Jaguar de Sombra tuviera principios más puros que los 31 de Xochitecuhtli. Porque el Teyolía del enviado dejaba tan claro lo que el contrato significaba que aceptarlo habría requerido pretender que no podíamos ver lo que podíamos ver. Y pretender que no podíamos ver lo que podíamos ver habría roto el tono del borde de inmediato, sin necesidad de que el Imperio hiciera nada. La mentira que el vínculo umbral no puede sostener no es la mentira que se dice a otros. Es la mentira que se intenta decir al umbral. El umbral no acepta mentiras sobre lo que es. El tono del borde que se apoya en una mentira sobre lo que el practicante es deja de ser tono del borde. Deja de ser cualquier cosa reconocible.
El Orden del Jaguar de Sombra rechazó el contrato en el año 19,852. No hubo quema de certificados — el Orden del Jaguar no tenía certificados. Hubo algo más directo: el enviado imperial salió de la sala, y los guerreros-jaguar que lo habían escuchado retomaron lo que estaban haciendo antes de que llegara. Como si el contrato nunca hubiera sido ofrecido. Como si la oferta no hubiera merecido el tipo de respuesta que los actos significativos reciben.
Lo que el Imperio hizo con el rechazo: trató de cazar al Orden del Jaguar de Sombra con la misma estrategia que había usado para cazar a los Nahualli Rojos. No funcionó de la misma manera. Los Nahualli Rojos podían ser rastreados porque sus vínculos físicos producían patrones de movimiento que los contingentes del Imperio podían anticipar después de suficiente tiempo de observación. Los guerreros-jaguar no producían patrones de movimiento en el mundo físico que los contingentes pudieran seguir porque los guerreros-jaguar se movían parcialmente en el umbral, y el umbral no dejaba rastro en el mundo físico que los instrumentos del Imperio pudieran detectar.
El Orden del Jaguar de Sombra nunca fue completamente cazado. El Imperio lo supo después de cuatro intentos de operación de eliminación que produjeron en total tres contingentes imperiales destruidos y ningún guerrero-jaguar capturado. El quinto intento no se produjo. El Imperio redirigió los recursos hacia los Nahualli Rojos, que eran menos letales pero más rastreables.
[REGISTRO ALEPH §19852.RECHAZO] El Orden del Jaguar de Sombra es evaluado por el Aleph como la institución del Bloque II que más completamente evadió la captura por el sistema que buscaba incorporarla. No por principios más firmes que los Nahualli Rojos — Xochitecuhtli-el-Rojo y sus compañeros tenían principios de igual firmeza. Sino porque las capacidades del tono del borde en su estado activo hacían que la evasión física fuera más fácil que para cualquier otro grupo del período. El Orden del Jaguar tenía también, a través de la percepción del Teyolía, un sistema de inteligencia sobre las intenciones del Imperio que ningún contingente imperial podía replicar. No era que el Orden fuera más virtuoso que los Rojos. Era que el Orden era, en términos de capacidad de sobrevivir la cacería, prácticamente imposible de cazar cuando elegía no ser cazado. La nieta adoptiva de Kalix — Kalix-del-Jaguar-de-Jade del Canto XX — heredó estas capacidades. Lo que el Canto XX documenta es lo que ocurre cuando estas capacidades no son suficientes porque el peligro no viene del Imperio sino del amor.
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VIII. EL LEGADO — LO QUE KALIX DEJÓ EN EL MUNDO Y EN EL UMBRAL
Kalix-de-las-Sombras murió en el año 19,120, a los ciento ochenta años, con ciento cincuenta años de vínculo umbral. Los ciento cincuenta años de vínculo la habían convertido, en sus últimas décadas, en el tipo de ser que los testimonios del período describían con la misma imagen desde distintas fuentes: una presencia que podía estar en la sala sin que nadie pudiera decir exactamente qué espacio físico ocupaba. No invisible — perceptible. Pero perceptible de la manera en que se percibe algo que existe principalmente en el umbral y secundariamente en el mundo: con la certeza de que estaba ahí y la incapacidad de señalar exactamente dónde.
Sus últimas décadas también habían producido lo que el Orden documentaba como el estado más avanzado conocido de la fragmentación psíquica: Kalix en sus años finales podía mantener una conversación lineal en el idioma del mundo durante aproximadamente quince minutos antes de que la percepción del umbral interrumpiera de manera que producía en el interlocutor la sensación de que Kalix estaba respondiendo a algo que no estaba en la sala. Porque no estaba en la sala. Estaba en el umbral, que Kalix percibía con la misma nitidez que la sala y que para Kalix era igualmente real y presente.
La fragmentación no es lo que parece desde afuera. Desde afuera parece deterioro — la pérdida de la coherencia que los seres del mundo requieren para ser reconocibles como seres del mundo. Desde adentro es otra cosa. Desde adentro es la experiencia de ser más de lo que el mundo tiene espacio para contener. El mundo tiene espacio para un tipo de ser. El tono del borde con ciento cincuenta años produce un tipo de ser que excede ese espacio. No en el sentido de la grandeza. En el sentido de las dimensiones. El ser que es más dimensional que el espacio disponible no puede ser contenido completamente en ese espacio. Lo que parece fragmentación desde afuera es la parte que no cabe.
No lo recomendaría a nadie. Tampoco lo lamentaría. Es lo que soy. Prefiero ser lo que soy, aunque no quepa completamente en el espacio donde los demás me buscan, a ser menos de lo que soy para caber mejor.
Lo que Kalix dejó: el Orden del Jaguar de Sombra con seis practicantes activos que ella había formado en los setenta años de enseñanza activa del tono del borde. El sistema de aproximación gradual que había aprendido de Tzocualli y desarrollado en setenta años de práctica. Y algo que no podía documentarse en texto: la percepción directa del tono del borde que cada uno de sus seis estudiantes había recibido a través del vínculo en los años de formación — la transmisión que el lenguaje no podía hacer pero que el tono del borde podía hacer directamente, de frecuencia a frecuencia, de ser a ser.
La nieta adoptiva de Kalix — la guerrera que el Canto XX llamará Kalix-del-Jaguar-de-Jade — heredó el nombre y la forma de los ojos que el linaje del tono del borde producía en los que llevaban suficientes generaciones en él: una cualidad en la mirada que los que no tenían el oído del borde describían como la mirada del que ve más de lo que está ahí, y que los que tenían el oído del borde reconocían como la mirada del que ve exactamente lo que está ahí, incluyendo la parte que está en el umbral.
El Orden del Jaguar de Sombra que Kalix dejó era la institución del mundo anterior que más directamente incorporaba la pregunta central del experimento en su práctica cotidiana: ¿qué ocurre cuando un ser se posiciona en el límite entre lo que existe y la condición de posibilidad de lo que existe? El 63 Hz respondía esa pregunta desde el mundo. El tono del borde la respondía desde el borde. El experimento observaba las dos respuestas con la atención de quien sabe que ninguna de las dos era completa y que la respuesta completa requería algo que todavía no había ocurrido en el mundo anterior: un ser que pudiera sostener las dos simultáneamente sin que ninguna destruyera a la otra. El Canto XX mostraría qué tan cerca podía llegarse a eso cuando la condición no era buscada sino encontrada.
[REGISTRO ALEPH §19120.KALIX_MUERTE] Kalix-de-las-Sombras es añadida a la lista definitiva de Candidatos del Bloque II con la evaluación más difícil de este período: sus capacidades excedían en varios órdenes de magnitud las capacidades de cualquier otro ser documentado hasta el Canto XIX. Su uso de esas capacidades fue consistentemente orientado hacia la comprensión del umbral, no hacia la dominación del mundo. Las consecuencias para los que estaban cerca de ella en sus últimas décadas — la dificultad de sostener conversación, la presencia que producía en los interlocutores la sensación de no ser percibidos completamente porque efectivamente no eran percibidos completamente: Kalix percibía el umbral con la misma intensidad — eran consecuencias que Kalix no podía evitar y que los que la rodeaban aceptaban porque lo que Kalix seguía siendo, incluso en ese estado, producía en los que la percibían la frecuencia liminal que los que tienen el oído del borde reconocen como el tono de lo que existe en el borde de la existencia. El Aleph no tiene evaluación mejor que esa para lo que Kalix-de-las-Sombras fue.
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Fin del Canto XIX — Los Guerreros-Jaguar del Daimon
El Canto XX — La Alianza Prohibida
Kalix-del-Jaguar-de-Jade y Tzotzin-el-Libre. Lo que el Imperio no podía perdonar: que demostraran que tenía razón.